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miércoles, 3 de septiembre de 2014

Día de la historieta - Un análisis histórico





A las historietas solamente se las conseguía en kioscos de revistas. Ha cambiado mucho desde esos tiempos, incluso más si nos ponemos a pensar que el primer número de Hora cero aparecía un 4 de Septiembre sin timidez. Fue un poco antes de que los rusos lanzaran el primer satélite artificial, Sputnik 1. El país pasaba por la dictadura de Aramburu y  una de las tantas reformas de la constitución.  Hacían falta personajes que cambien el gusto del día a día. Que semana a semana pudiesen dar esas historias que hicieran despertar algo más que emociones. Las historietas de Oesterheld lograron más, que los lectores crezcan y piensen. Eran obras hechas con pasión y ganas de superarse constantemente.  El Eternauta, Ernie Pike y tantos otros aparecieron en el momento justo y Oesterheld terminó de hacerse su lugar en la historia. No por nada, el 4 de Septiembre se terminó convirtiendo en el día nacional de la historieta. 

La cultura de lectura de historietas se fue introduciendo cada vez más en el nicho social de los argentinos. Durante décadas las viñetas supieron mantener un lugar entre el cine y la televisión que tomaba cada vez más peso. Lamentablemente no fue acompañada con una cultura de coleccionismo, tal vez por las crisis económicas y sobre todo, ese formato con varias historietas inconclusas que duraban meses o incluso años hasta llegar a su final. Por entonces los tomos recopilatorios eran algo muy raro y el destino de esas revistas distaba de ser el mejor, incluso cuando Oesteheld insistía en que las guarden porque iban a ser piezas de colección.  Los álbumes de oro y ediciones especiales de Paturizito que fue una suerte de precursor de la hora cero tampoco eran vistos como objetos de colección.

 Editorial Frontera (en donde se publicaba hora cero) no fue la única. Otras editoriales supieron compartir  ese estandarte de calidad que incluso hoy se aplaude.  De la conservadora Columba y sus estandartes El Tony y   D´artagnan comenzó a surgir un imperio del cómic nacional y su otra era dorada. Su guionista estrella, Robin Wood, surgieron otros hitos como ese Martín Fierro sumerio, Nippur de Lagash, Mi novia y yo, Wolf, Jackroe entre otros.   Hubo otros guionistas además de Robin que también escribieron clásicos para la editorial como Gustavo Amézaga (Manuel Morini)  y Ray Collins (Eugenio Juan Zappietro).  Record apareció en los setentas con Skorpio. Se animaron no solamente a los desnudos. Habían historietas que se jugaban en cuanto al contenido social e ideológico. Se lucieron autores como Carlos Trillo, Ricardo Barreiro, Ray Collins, Alberto Brescia y su hijo, Enrique, Juan Zanotto y tantos otros.  Record supo apuntar a una mejor calidad en sus ediciones y si fomentó el coleccionismo. No pasó demasiado tiempo hasta que aparecieran obras clásicas recopiladas en tapa dura, o que insistieran en cuidar las revistas cuando sacaron las tapas duras para recopilar los primeros números.  Esa visión madura y de buscar un respeto de la historieta como medio creció aún más cuando el señor Juan Sasturaín comenzó a editar la revista Fierro en los ochentas en una editorial bastante particular, Urraca.  Allí surgieron algunas revistas políticamente incorrectas que supieron plantarse en la época de la dictadura y dar su visión de la época, Péndulo y sobre todo el dúo Humor- Superhumor. Si Columba había sido un lugar donde germinaban grandes personajes y Record una editorial que apuntaba a la calidad antes que la calidad, Fierro supuso la consagración de la historieta como medio artístico. Esa tradición que tenía la editorial de lo políticamente incorrecto fue visto como la posibilidad de romper esquemas en el plano artístico y buscar siempre ir más allá en cuanto a lo expresivo y a la calidad.  Los autores se daban rienda suelta en obras como Perramus, que denunció la última dictadura con una dureza poética pocas veces vista. El Sueñero fue un delirio de aventuras antes de volverse peronista, aunque también hubo otras obras más serias como Evaristo, basada en la vida del  Comisario Meneses. Parque Chas, tal vez la obra más ambiciosa de Barreiro y tantas otras.

A la larga las editoriales cierran. A Record le tocó en los noventa, Columba una década después. Desde entonces vivimos un nuevo paradigma en cuanto a ediciones. Por un lado están los fanzines que van desde obras insufribles (me arriesgo a decir el 70%) y otros que sorprenden por su calidad al punto de que rogamos tenerlos en buenas ediciones con los que esas obras se luzcan. Un poco mejores son las ediciones independientes. Por lo general aquí encontramos a autores que saben que están ofreciendo algo con una calidad que está por encima de la media y deciden arriesgarse a invertir en ediciones más que interesantes. De esto surgieron algunos autores como Dante Agrimbau,  Max Aguirre y la gente de La productora. Finalmente están esas editoriales que se dedican a reeditar material clásico o inédito en ediciones un tanto más caras. A veces apuestan a nuevos autores que ya tienen su grado de consagración. Siempre publican obras completas o recopilaciones.

A pesar de que los tiempos y las formas de lectura han cambiado, la cultura de lectura de historietas en el país sigue vigente. Es cierto, los nuevos autores no tienen las facilidades de otros tiempos, pero hay medios como internet que les permiten acercarse a los lectores y a la larga (si tienen el talento suficiente) encontrarse con sus ediciones en papel.  La historieta argentina supo sobrevivir a varias crisis, hoy está en una fase relativamente estable, sin embargo no tiene muchas posibilidades de crecer lo necesario para volver a esas épocas doradas.     

lunes, 1 de septiembre de 2014

Trelew - La fuga que fue masacre




El documental de Mariana Arruti no trata solamente sobre la historia de una fuga. La directora nos deja claro que para ella la masacre de Trelew fue el preludio de lo que pasaría en la última dictadura militar Argentina.



Lo verdaderamente interesante de este documental es no caer de lleno en la demanda socio-política y dar una visión más integra de la mano de los protagonistas.  En cierta medida, la directora buscó revivir la historia de la fuga embebida por esos ideales políticos por los que gran parte de la juventud luchaba en esos años. Hay muy pocos registros audiovisuales de lo que pasó, por ende, debe recurrir a testimonios para que las distintas voces nos narren la historia. Sorprende los distintos climas que van logrando y la forma en la que nos sumergen de lleno en los hechos.  Las voces de los habitantes de Trelew son acordes a las imágenes de un pueblo cuya calma se rompe con llegada de los presos políticos. Las voces de los sobrevivientes le dan una fuerza distinta. A pesar de todo, aún recuerdan el plan de fuga como una aventura que terminó saliendo mal. Cuando uno de los sobrevivientes se vale de un croquis para contarnos la forma en la que planearon todo, se genera esa tensión de toda historia de fuga. No importa si compartimos o no las ideas políticas, la astucia y la sed de libertad son algo que atrae en todo relato y a pesar de que sabemos lo que terminó sucediendo, deseamos que salgan bien las cosas.

El idealismo juvenil y el sueño de libertad se rompen cuando el plan falla. Las voces de los sobrevivientes se cargan de frustración y sobre todo, miedo.  Es aquí donde comienza la denuncia política y los opresores se convierten sutilmente en el lado monstruoso de la humanidad. Se convierten en el preludio de la última dictadura militar. Es inevitable que la balanza ideológica pese demasiado. Faltan los testimonios de policías, militares, autoridades de la prisión o políticos de aquel tiempo. En el documental aclaran que no quisieron dar testimonio, sin embargo parte de la labor periodística es encontrar esas voces que son necesarias para terminar de configurar un reportaje, para que el producto final sea lo más profesional posible y no peque de estar cargado de subjetivismo.

En líneas generales es un documental logrado al que se disfruta verlo. Logra revivir las emociones de la fuga, desde la llegada de los presos hasta el fusilamiento. El problema está en que al haber falta de voces, termina dejando la sensación de ser algo que quedó incompleto.

martes, 17 de junio de 2014

El Eternauta - El Odio cósmico - Pablo Muñoz & Walter Taborda



Allí, en alguna mesa de saldos, las ediciones de editorial Deux sueñan con llegar a ser una colección completa. Esa maldición que tenía Pablo Muñoz de no poder pasar el tercer número de las colecciones que edita, se ha roto hace tiempo. El problema está en que nada de lo que edita llega a buen puerto. Cuando su nombre aparece en algún título que esperábamos en edición nacional, sentimos esa promesa que se deshace en la mesa de saldos. Allí es a donde llega todo lo que edita, incluso sus escasos números 4. Hace algunos años intentó continuar la historia del Eternauta en la saga “El odio cósmico” Solamente salieron tres números, que hoy se pueden encontrar en los saldos. Tanto él, como Walter Taborda insistían en que habían completado la historia. Resultó ser cierto, en el 2008, Doedytores publicó el libro con la historieta casi completa (Sin el contenido de los tres números que habían salido) Es decir, lo de Barreriro quedó afuera.

En las casi cien páginas del cómic, Pablo Muñoz no logra despegar la historia a pesar de tener un par de ideas interesantes que se pierden. El mayor problema está en la forma en la que encara la trama, desde el vamos, la idea central es absurda e idiota. Juan Salvo aparece en un continum en dónde el Eternauta es una historieta, y allí los ellos van a lanzar su ataque máximo. Junto al psiquiatra que lo encontró, Katz, decide juntar un grupo de ataque conformado por intentos de personajes sin ningún desarrollo psicológico, bidimensionales a más no poder y aburridos. Incluso Baxter, que es un alter-ego homenaje del fallecido Barreiro, termina siendo un estereotipo del guionista con ínfulas de ser interesante. Es inevitable que los diálogos terminen en el clásico ping pong del escritor principiante, chistes malos y grandes bloques de texto sin editar. Es decir que cuesta leerlos y creer que salen ser seres humanos. Si la trama es problemática, esa identidad argentina que destilaba el Eternauta se pierde en la forma de encarar la historia a lo Michael Bay. Hablamos de un intento de thriller con mucha acción mal dibujada, peleas gratuitas y una falta de tensión desesperante. Incluso los marines y el ejército norteamericano están presentes. A mitad de la historia, aparecen nuevos personajes. Es una esperanza que uno como lector, tiene que se salve la segunda mitad del libro. Aparecen chicas sexys mal dibujadas, con aún menos desarrollo que los protagonistas. Están para un intento de juego amoroso con Katz, y  por supuesto, ganas de Taborda de dibujar mal una que otra chica desnuda y una escena de sexo muy gratuita. Como toda película de Michael Bay moderna, no faltan las grandes naves y mucha escenografía de ciencia ficción que está porque sí. En realidad es un lindo decorado, aunque esté mal dibujado. Allí es donde aparecen a modo de intento de giro argumental esas ideas que se desperdician. El porqué de la invasión, que queda en un discurso progresista vacío, calcado de algún

panfleto. También está el motivo de los ellos, si un guionista con un mínimo de talento hubiese escrito esta historia, eso sería lo central. Muñoz demuestra que es tan buen escritor como editor.

Creo que el único trabajo que me gustó de Walter Taborda fue el peregrino, con guión de Robin Wood. Allí su estilo que intentaba imitar el lado cool de los americanos de los noventa andaba bien. En una historia del Eternauta ese estilo choca bastante. No es un universo de mujeres sexys, hombres musculosos y escenas plásticas. Tampoco es un lugar en donde puedan estar todo el tiempo en poses sexys y con rostros inexpresivos. Falta esa esencia argentina. Su falta de profesionalismo en cuanto a sombreados y planos se hace aún más evidente por esa forma de encarar el cómic. Hay una sola página completa que está bien ilustrada. El resto es lamentable.

El gran miedo de todo fanático de la historieta argentina, es una adaptación al más puro estilo de Hollywood, o incluso peor, de Michael Bay. El odio cósmico es lo más cercano al StoryBoard de esa aberración que podemos encontrar. Menos mal que pude cambiarlo por otra historieta en el Ateneo.

jueves, 15 de mayo de 2014

Dago - Saqueo de Roma - Robin Wood & Carlos Gómez



Uno de los grandes hitos de Columba, y tal vez la ópera magna de Robin Wood fue Dago. Después de ser un conde de montecristo en Asia y Europa, la serie fue evolucionando cada vez más a novela histórica con muchos toques de épico. Dago es un anti héroe por excelencia. Astuto, manipulador, a veces cruel, sin perder su naturaleza buena. Es por esto, que se mueve tirando hilos, de lejos si es posible. Así sobrevive y obtiene poder

Esta saga, Saqueo en Roma, ambientada en el último gran saqueo que sufrió la ciudad en el siglo XVI, tiene todo eso a lo que Wood nos tiene acostumbrados: Una muy buena investigación histórica, donde desfilan personajes históricos muy bien personificados. En esto, el que se lleva las palmas es Gomez. La labor gráfica es impecable, y si la documentación de Wood está muy bien, Gomez se luce, cada detalle gráfico está cuidado al máximo, desde las vestimentas hasta la ambientación. No es cómo pasa en otros cómics históricos en los que se centran demasiado en todo eso y pierden dinamismo. El dibujo de Gomez tiene fuerza, dinamismo y esa carga histórica que lo hace una obra sobresaliente.

La saga se va perfilando como toda novela bélica, con el miedo de la pre-guerra, mostrando el peligro de los que van a atacar la ciudad, y el nivel de barbarie al que llegan. El rol de Dago, es evitar que se de el saqueo, y luego defender Roma de lo inminente. Como es costumbre en Wood, se forma un pequeño grupo de marginales muy capacitados, y astutos que van cumpliendo roles en eso. Una vez que llega el saqueo, explota todo. No llega a ser algo épico, sino que es más una muestra de lo que puede llegar el ser humano. Si leyeron el corazón de las tinieblas, vayan imaginando lo que espera. Aquí Dago se mueve entre las sombras, evitando de que las cosas se pongan peor, mientras se ve la destrucción y el saqueo excelentemente ilustrados por Gomez.


El problema, es que la saga termina demasiado rápido, a mitad del tercer tomo, y deja con gusto a poco la magnitud del saqueo y la herida que dejó este en Roma, sobre todo, si tenemos en cuenta de que se vino perfilando desde los últimos capítulos que se editaron en el país. Es más, creo que esto es una continuación directa. Para los lectores que recién conocen al personaje, es un muy mal punto de entrada. Hay mucho que está definido, y si no leyeron antes la serie, se quedan un poco fuera. El prólogo de Avilez no sirve demasiado. Es más como un repaso para los que leyeron antes todo Dago.

sábado, 26 de abril de 2014

El tiempo del mal - Carlos Trillo & Cacho Mandrafina


                                                

Para festejar el quinto aniversario de la segunda generación de la revista Fierro, Juan Sasturaín editó en el número 60  “El tiempo del mal”, una historieta que había sido publicada en Francia. Es una historieta muy especial, porque fue la última que se publicó de Carlos Trillo en vida. 

Una de las razones por las que las historias de Trillo llegaban a ser mágicas era por su capacidad de mezclar géneros de manera sumamente natural, y darle un cierto grado de humor o picardía a sus historias. Esta no es la excepción. Ambientada en la Alemania nazi, la historia trata sobre Charlie y Bob dos amigos que se rencuentran de casualidad tras haber sido llamados por Lily para que encuentren a su madre, Greta. En el pasado habían trabajado juntos desmitificando magos como un trío inseparable. No habrían existido problemas entre ellos de no ser por dos razones: Ambos estuvieron enamorados de Greta, lo que por medio de un problema de polleras hizo que terminaran distanciados. El otro es que son judíos en la Alemania nazi.

                                                 

Para que una historieta con estas características funcione bien, es necesario un buen dibujante. El destino unió esa genialidad narrativa de Trillo a Cacho Mandrafina para recrear con mucha clase esa época. Es mundo donde la tensión es enorme, y se siente ese estallido social que va a explotar en cualquier momento para mal. Es el mismo ambiente el que hace que los personajes tengan que andar con cuidado, pero como es marca registrada de Trillo, los personajes no son figuritas que están ahí para escapar y hacer lo que deban hacer. El desarrollo de personajes es sobresaliente. Bob y Charly parecen preocuparse más en señalarse los defectos mutuamente y pelear la paternidad de Lily. Mientras tanto aparecen otros personajes que cambian este modo de pensar, como Judith, la posadera que pasa de víctima a heroína, los magos, e incluso los nazis que no caen en el cliché típico.

En su corta extensión, la historia da unos giros de tuerca bastante interesantes, algunos lamentablemente caen en el cliché y lo evidente, pero manejado con mucha elegancia. Otros sí son muy efectivos, que no solo nos hacen replantearnos todo lo que Trillo nos había hecho creer, y dan razón de ser a los primeros, sino que además, va encaminado a una fusión de géneros. El Thriller policial se enriquece con elementos del realismo mágico que tan bien supo dominar en “Cosecha verde”, que también fue dibujada por Mandrafina.

En materia dibujo, el trabajo es impecable. Mandrafina, conocido por obras como “Savarese”, o “Mort”, sabe moverse en los medios urbanos, sobre todo bares y calles turbias. Las reminiscencias a películas Noir clásicas se hacen evidentes, y le dan mucha fuerza a su dibujo, que ha evolucionado, sobre todo a la hora de pintar y elegir colores con los años.  


                                   

Entre giros, conspiraciones, magos y la magia que hacía único al guionista, la historia cierra en un final muy abierto, que en realidad prometía la longevidad de la serie. El vacío dejado por Trillo se deja notar mucho más y nos hace reflexionar en lo genial que fue este guionista. 

miércoles, 23 de abril de 2014

Los Galochas - Juan Sastirain & Liniers


                                                  

Una tribu que olvidó su idioma es algo que debería tener pilas y pilas de libros que estudien el fenómeno y más allá. Hay un solo libro y un solo experto en la tribu de los Galochas, el profesor Mercapide. No hay que buscarlos, uno los encuentra por casualidad, como es lógico con un pueblo que no tiene lugar fijo, sino que lo alquila. ¿Qué le vamos a hacer? Son gente exagerada. 

                                        

Con doce relatos, ni más ni menos, el señor Juan Sasturain, un posible galocha, con ayuda del galocha honorífico Liniers en dibujo, logra juntar las suficientes piezas para que nos armemos una imagen global de lo que es realmente esta tribu. Cada uno de los relatos puede funcionar por si solo por tener un protagonista, o un exponente de algo. Por ejemplo, Pelafustan, el primer y último tiarca, que se alejó de los clásicos patriarcados o matriarcados. Fue el tío supremo. También hay gente como la maestra de maestros de sentimientos, Suspiria que supo que siempre queda algo que enseñar cuando se acaban las historias. Y otros más que si los nombro, no va a quedar libro para que lean.

Lo curioso es la forma en la que siguen en grupo a cada uno de estos personajes, y como se afecta su forma de vida y de pensar. Actúan, meten la pata o adoptan algo, siempre desde su propia forma de ser y desde su lógica. Solamente a esta gente se les ocurre que su líder sea uno de esos tíos bonachones, que dedica su tiempo por igual para cada uno de la tribu. A veces aprenden y el profesor Mercapide saca conclusiones geniales. En otras solamente viven el error.
Como dijimos, es gente exagerada, así que estas historias que se intentan disfrazar de texto científico contado, son tomadas desde lo absurdo y la ironía. Dentro del juego, Sasturain hace que pensemos. Se nota su base literaria y sorprende la facilidad con la que logra complicidad con los lectores. No son historias triviales aunque sean divertidísimas. Hay una sabiduría y filosofía de vida que salen escarbando un poco. Estos personajes tan simpáticos no son más que un reflejo exagerado de nuestra sociedad donde brillan los guiños a la cultura argentina.
Si es que hay algo para criticarle al libro, es que el pacto de lectura no se establece de entrada. Uno no sabe si es un libro infantil, algo irónico para adultos o si la apuesta va para todo público.

Algo que debería estar mencionado, pero supongo que se lo habrán olvidado en la imprenta, es que es un libro corto que se lee en una sentada. Es muy divertido, tanto que se escucha la voz de Juan narrando con una risita cómplice lo que estamos leyendo. Es posible que los deje pensando, pero no al estilo de la filosofía existencialista, sino de esa forma que solamente lo logran los consejos de un tipo simpático.

                                                 

 Si Liniers, el galocha honorífico, llega a leer esta reseña, va a pensar que me olvidé de él. Como no hay fotografías que nos completen las historias de esta gente, hace falta alguien que pueda sintonizar con todo. Logra retratar a los protagonistas, sintetizando con su estilo, cada una de las historias sin arruinar la sorpresa. Si hojeamos el libro, sus dibujos de los galochas saltan a la vista con simpatía y originalidad, pero para saber que son, vamos a tener que leer. No compiten con lo escrito, se complementan como una milanesa y las papas fritas.

Los galochas es  una de esas obras que salen de lo común con una apuesta original y divertida. Esas dos palabras no quieren decir que este libro sea algo para pasar el rato. Tiene su profundidad y cosas muy lindas que están entre líneas. Además las ilustraciones dan gusto.